
Dejen de “hornear” sus piezas de forma incorrecta
La mayoría de las tiendas tratan sus calentadores para recubrimiento en polvo como si fueran tostadoras gigantes. Se encienden, se calientan y se espera que todo salga bien. Pero existe una gran diferencia entre un recubrimiento que simplemente ha sido “hornearse” y uno que realmente ha sido curado. Todo depende de cómo se maneje el calor.
Dirigir el calor al lugar adecuado
Nos concentramos en el valor de vatios por centímetro. ¿Por qué? Porque queremos alcanzar rápidamente las temperaturas necesarias para la curación, sin dañar el polvo utilizado en el recubrimiento.
Los elementos de cuarzo de alta potencia permiten alcanzar esas temperaturas rápidamente. Eso significa que los tiempos de ciclo disminuyen y se pueden procesar muchas más piezas por hora. Es una ventaja para los negocios.
Pero aquí está el problema: una alta densidad de calor ejerce mucha presión sobre el sistema eléctrico. Si se utiliza un sistema de alta potencia, es necesario verificar cuidadosamente los cables y contactores. Si no están diseñados para soportar una carga continua tan alta, se quemarán. Y nadie quiere lidiar con problemas técnicos en un martes por la mañana.
El secreto está en la luz
Utilizamos vidrio de cuarzo especial y tubos llenos de halógeno para controlar cómo se distribuye el calor.
La convección convencional solo afecta la superficie. Las ondas infrarrojas cortas son diferentes: penetran directamente en la capa de polvo. Esto significa que el metal debajo también se calienta, y eso es lo necesario para lograr una curación adecuada.
Dado que los lugares donde se trabajan suelen ser ruidosos y vibrantes, utilizamos conectores R7s o SK15. Estos conectores aseguran bien los focos, evitando así cualquier tipo de problema durante el funcionamiento del equipo.
Haciendo que funcione en su taller
Estos calentadores están diseñados para encajar perfectamente en los túneles de curado ya existentes.
Invertimos mucho tiempo en ajustar la longitud de los tubos y la tensión eléctrica, ya que los “puntos fríos” son un problema. Cuando una parte del horno está más fría que las demás, se produce esa textura desagradable similar a la de la cáscara de naranja. Nosotros odiamos eso. Queremos un acabado uniforme y perfecto en cada ocasión.
Un consejo: cuando se aumenta la intensidad del infrarrojo, es necesario ajustar la velocidad de la banda transportadora. Si las piezas se mueven demasiado lentamente, sus bordes se quemarán. Encuentre ese equilibrio adecuado, y todo funcionará perfectamente.